Guaraira Repano

Guaraira Repano

viernes, 23 de noviembre de 2012

A mi Papá Ezequiel

Comencé a escribir esto, no sabía si era un post, o un correo, y realmente no sabía si saldría de mi correo electrónico.

Hace muy poco tiempo, relativamente hablando, mi padre, Pedro Ezequiel Martínez Hernández emprendió su vuelo, era imposible ya para su humanidad, seguir entre nosotros y en esas circunstancias.

El Maestro, en Gran Músico, el Gran Compositor, el Padre, el Amigo, el Orientador, incluso el consentidor, había muerto para el limitado ojo humano.

Sus memorias, aferradas a mi propia existencia, su Música, su Sacven y su puerto de La Guaira, los acordes de su guitarra, su amor, sus palabras de apoyo en todo momento, su eterna disposición a ayudar incluso cuando ya su cuerpo no le acompañaba, y no hablar de tantas y tantas noches de infancia, en las que cualquier fiebre te hacía salir a ti corriendo a la farmacia a buscar la medicina indicada, y ahí estabas con tu eterna compañera mi querida abuela Juana, y qué decir de las difícilísimas épocas de aquellos ingresos en la Marina que ya son historia, ahí estaban, tu hija (mi madre) , tu esposa y compañera Juana, con quien compartiste tantos años de matrimonio, creo que llegaron a celebrar juntos dos días antes de tu partida justo los 60 años de casados... pues allí estaban siempre de pie, acompañándome, pendientes de si había comido, de si había dormido bien, de por qué estaba tan flaco, son tantos recuerdos abuelo, papá, que sin dudas, con mucho orgullo digo, quien soy, es sin dudas un agradecimiento permanente a ese gran trabajo que realizaron con tanto amor.

El día en que mi abuelo se jubiló del Puerto, mi abuela lo lamentaba, pensaba que se acabarían los sueldos y la comida, y mi abuelo estaba feliz, porque podría dedicarse a su casa, a sus nietos, y a mí en particular que era el más pequeño: "Todo saldrá bien, ya verás" me decía sonriendo... y ¿Cómo salió? Pues bien...

(Macuto- Venezuela)

Entre miles de anécdotas y no exagero, propias de un nieto que vive con sus abuelos y su madre en la misma casa; recuerdo que cuando pasé a la secundaria, estudié en el Liceo José María España, en Macuto; era sin dudas lo más lejos que había ido solo con mis 11 años, ya que por precocidad me adelantaron dos años en la escuela primaria. Como mi madre, profesora en dos colegios, hacía horario también escolar, la primera vez que fui al liceo, mi abuela preciosa, me acompañó hasta la calle anterior al colegio, no hasta la puerta me dijo "para que no piensen que no puedes venir solo y se vengan a reír de ti", teniendo en cuenta que era el segundo nieto que estudiaba en ese Liceo, entendí que su consejo no era fortuito, sin embargo, confieso que no me habría molestado que me acompañase hasta la puerta, pero seguí caminando solo, ese respeto y esa independencia me han acompañado toda mi vida. Alguna vez cuando por cualquier razón no asistía algún profesor, el colegio quedaba justo frente a un paseo de playa, me iba a sentar a mirar el mar, y casi siempre al voltear a mi derecha, al fondo, veía a mi abuelo sentado frente al mar, con su fiel compañero: el Crucigrama, me acercaba corriendo y siempre luego del beso y su bendición, conversábamos, hasta la hora de mi próxima clase.

Hoy en día sé que esas conversaciones eran clases magistrales particulares, cuanto daría por volver a tenerlas, en ellas conocí la historia de la música, el poder que la inquisición impuso sobre las creaciones artísticas, aprendí historia, matemáticas, refranes, sentido común, y mucha mucha prudencia, siempre decía: "El Bruto grita.. el inteligente habla, el sabio... calla y reflexiona, luego si lo amerita opina seguro"...

De tantos aprendizajes, destaco y resalto el amor por la música, pero la música y la armonía que se siente, recuerdo que me decía, "Algunas cosas que suenan por ahí, no son música, son ruidos, porque la música , recuerda el concepto, es el arte de bien ordenar los sonidos de una manera agradable al oído y al tiempo, y eso que suena no es ni agrada ni a un cosa ni a la otra"...

Cada día, ante diversas circunstancias, me parece escuchar tu consejo papá, tus palabras... hoy estás más allá del tiempo, más allá del bien y del mal, y mi corazón se une al tuyo cada vez que revives en mis recuerdos... hasta el día de tu zarpe conversamos un poquito... no sabíamos que nos despedíamos de momento, pero así lo era...

Cuantas cosas quisiera contarte...  compartir contigo... lo seguiré haciendo desde el mundo de los sueños, donde te veo siempre sonriendo y contento... en ese mundo de luz... donde hay tanta gente que queremos.

Tus legados: El Amor, el respeto, la risa, la música, la alegría, la serenidad, la paciencia y el perdón.

Gracias Papá, siempre que te escribo probablemente digo cosas parecidas, pero gracias por cada día... por que tu ejemplo me lleva a ser quien soy cada día, aprendiendo e intentando evolucionar de cualquier estancamiento en el que ose en posarme.

Nos vemos en la luz... siempre ;-)

Jesús