
Ese respeto pasa por aceptar incluso sin comprender y menos entender las elecciones de quienes amamos, de esas personas que nos rodean, y de esas que no.
Ese respeto pasa por el principio de la no intervención en aquello a lo que no hemos sido invitados.
Respectus diríamos en latín, a una frase que nos invita a acallar esa bestia interna que quiere avasallarlo todo, cambiarlo todo, destruirlo todo… por el mero hecho de pensar que es mi forma de verlo la única correcta..
Y nadie había dicho que había que respetarse también y antes que a nadie a uno mismo… madre mía… ¿a uno mismo? ¿Y eso como se hace? Se ve que con coherencia… ufff. Volvemos a la “coherencia” cohaerentĭa … vaya lío… es decir que ¿para respetarme debo ser coherente? .. pues si.; coherente con lo que siento, con lo que pienso, con lo que quiero, y con lo que hago, y si logro alinearlas todas, pues mejor… ¿y eso como se come? Como siempre… comiéndolo…
Es que se ve que si no me respeto a mí, no puedo respetar a nadie más, por aquel principio raro de que “cómo voy a dar yo lo que no tengo”, que me parece bastante lógico… entonces, comienzo por el auto-respeto, por el freno a la auto-prostitución emocional que hacemos, a las manipulaciones y chantajes, y aceptar todo tal cual es… sin que esto parezca ni cercano al conformismo… que es otra forma de no respetar…
Procesos de aprendizaje… respeto… contemplación, si en lugar de “juzgar” lo que veo, me limito a “contemplarlo”, se ve que llegaré a la paz interior… y a mí con eso, de momento me basta…
Parece que aquellos tiempos de entrar, matar y ganar han quedado atrás… ahora se nos exige algo más: el compromiso con uno mismo… con la paz… y esa palabra: Respeto: si que es un verdadero compromiso… con su precio como todos, pero que asumimos la responsabilidad de pagar.
Nos vemos en la luz, con respeto ;-)



